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Publicado el octubre 3rd, 2019 | por macero

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El pasado es el prólogo

por Geoffrey Johnson

Durante 40 años, Mark Daniel Maloney y su familia han demostrado que Rotary conecta el mundo. En estos momentos, este destacado rotario que se describe como “viajero alegre”, se embarca en la siguiente etapa de su vida en calidad de presidente de Rotary International.

Estamos a solo dos semanas de la Navidad en el norte de Alabama, y en el Club Rotario de Decatur reina el más puro espíritu navideño. El sábado pasado, en una tarea conjunta con la Iglesia de Stone River, los socios del club invitaron a más de 70 niños a un desayuno con panqueques y a salir de compras a una tienda de la cadena Target. Ahora es lunes y en la reunión del club la banda de jazz de la escuela de enseñanza media Austin toca villancicos tradicionales, generalmente alusivos a la nieve, como Santa Baby, Feliz Navidad, Baby e It’s Cold Outside, aunque con temperaturas que no bajan de unos 4 grados centígrados, parece primavera si se compara con las ciudades del norte del país en esta época del año.
Una vez que la banda deja de tocar, el presidente del club, Larry Payne anuncia, bromeando, lo siguiente: “Y ahora, aunque nadie lo quiere escuchar, ¿dónde se ha metido Mark?”. El gentío responde con gran algarabía. El hombre al que se refieren se desplaza a grandes zancadas hasta el frente de la sala y con orgullo declara: “Mark Maloney está en Decatur, Alabama” Aproximadamente 120 personas lo aclaman con entusiasmo. Saludan al jefe.

En su crónica del citado día de compras patrocinado por Rotary, el Decatur Daily se refirió al nuevo presidente como un “socio del club”, lo cual, apelativo que aunque refleja las propias palabras de Maloney y no es incorrecto, apenas alcanza a describir sus logros. Desde su afiliación a Rotary, en 1980, Maloney ‘solamente’ ha prestado servicio en calidad de gobernador de distrito, director de RI, edecán del presidente, fiduciario de La Fundación Rotaria, y presidente del Consejo de Legislación y del Comité de la Convención de Sidney 2014. Y estos son solo algunos de los cargos que ha ejercido, en su recorrido hacia este nuevo cargo de liderazgo: presidente de Rotary International.
“Está sumamente preparado para ser presidente de RI”, afirma Bill Wyker, quien conoce a Maloney desde hace 40 años. “Es un gran comunicador, con una mente brillante, es solidario y se interesa por la gente. Es un ser humano muy completo. En nuestro club a nadie le sorprendió que prosiguiera su ascenso hasta la cima de la montaña”.
Wyker, quien en 1986 sucedió a Maloney en la presidencia del club de Decatur, se atribuye el inicio de la tradición del club de burlarse amistosamente de su antecesor. “Yo fui el que le dio el puntapié inicial a la cultura de ‘Gastarle bromas a Mark’ en nuestro club, y seguimos con esa costumbre”, añade. “El propio Mark la alentó y se convirtió en su manera de proceder. A los socios les encanta y, desde luego, la gente no bromea con una persona de esa manera a menos que sea alguien a quien aprecian y respetan”.
Al hablar desde el podio en esa reunión de diciembre, Maloney, quien se considera “el más alegre de los viajeros”, explica en qué lugares del mundo ha estado últimamente. Describe un largo periplo que comenzó con un recorrido “en dirección al este aunque rumbo al oeste a través de los estados de Nevada y California”, y desde ahí a Inglaterra, India, Singapur, Indonesia, Taiwán, y finalmente, el último tramo del vuelo, de regreso a Decatur. Pero el largo viaje de Maloney hacia este lugar en el tiempo y en el espacio, verdaderamente comenzó hace mucho tiempo, en un país y en un siglo muy lejanos, muy anteriores a los vuelos en aviones jet.
Con tres hijos pequeños que alimentar y las posibilidades de conseguir buenas tierras de cultivo al otro lado del Atlántico, Arthur y Catherine Maloney salieron de Irlanda en 1849, durante la gran hambruna, y se embarcaron rumbo a Estados Unidos. (Habían dejado atrás a sus dos hijos mayores, a uno de los cuales no volverían a ver jamás.) Tras su llegada a Nueva Orleáns, se trasladaron hacia el norte, a Gallatin County, en el sur del estado de Illinois. Se establecieron en un lugar llamado Pond Settlement, junto a otros inmigrantes irlandeses católicos.
Mark Daniel Maloney nació 106 años después, el 14 de mayo de 1955. Para entonces, la granja familiar, situada en las afueras del poblado de Ridgway, había crecido y ya tenía una superficie de 485 hectáreas. Durante décadas la familia se había dedicado a la cría de ganado vacuno y el cultivo de forraje para alimentarlo. Sin embargo, Patrick Maloney (el padre de Mark) y sus dos hermanos centraron su actividad en el cultivo de maíz, trigo y soja. Asimismo, aumentaron a más del doble la superficie de la granja mediante la compra de 607 hectáreas adicionales del otro lado del río Ohio, en el estado de Kentucky.
En ese entorno vivió su infancia Mark Maloney, aunque pronto se hizo obvio que no estaba destinado a ser agricultor. En las competencias 4-H, donde demuestran su valía los futuros granjeros, solía obtener los más altos honores en concursos de oratoria. Su discurso de 1966, “Un sueño que se transforma en meta”, ganó la cinta azul en la Feria Estatal de Illinois. Dos años después, ganó el concurso regional de ortografía al deletrear correctamente la palabra “bludgeon” (cachiporra, maza); y dos años después, llegó a la presidencia de la federación de las competencias 4-H. No obstante, hubo también un acontecimiento ante el que palidecen los demás: en 1962, Maloney y Kristi, su hermana de cinco años, ganaron el concurso de atuendos hawaianos en el Día Anual de las Palomitas de Maíz en Ridgway, el Popcorn Day.
En Ridgway, la ciudad que se autoproclama Capital Mundial de las Palomitas de Maíz, el mayor acontecimiento es el Día de las Palomitas de Maíz, que se celebra el segundo sábado de septiembre de cada año. “Es el evento anual más destacado de Ridgway”, afirma Rick Rotramel, exresidente en Ridgway y socio del Club Rotario de Danville, Illinois. Tras una función de cine gratuita en el Strand y un desfile, los niños acudían al estrado y participaban en concursos de comilonas de palomitas de maíz, concursos de globos con chicle y saltos de rana. Los triunfadores ganaban un dólar de plata.
A la una de la tarde comenzaba el desfile de bandas y carros alegóricos a lo largo de la calle principal, evento que el periódico local describía como “la Reina de las Palomitas de Maíz y su corte, bandas, carros alegóricos, equipos de cadetes marcando el paso, patrullas motorizadas, caballos, maquinaria agrícola moderna y muchos otros participantes”. Después del concurso de tractor pulling, arrastre mediante tractores, “según las reglas de la ITPA” (para los no iniciados, siglas en inglés de la Asociación de tractor pulling de Illinois), el resto del día se dedicaba al entretenimiento musical desde el Grand Ole Opry (música country) hasta recitales de spirituals y gospel, y también una modalidad conocida como Teen-A-Go-Go”.
Ese tipo de evento necesita de un maestro de ceremonias, y en 1981, la ciudad de Ridgway le encomendó tal responsabilidad a Mark Daniel Maloney. Desde 1981 ha desempeñado esa función cada año, excepto en dos ocasiones: cuando el evento coincidió con el bautismo de su hija Phyllis, y cuando tuvo que asistir a un funeral. Respecto a este acontecimiento, conocido ahora como Popcorn Days (Días de palomitas de maíz), Maloney, quien en la placa de matrícula de su automóvil lleva las siglas del evento, PPCRN, expresa lo siguiente: “Es un fin de semana que ocupa un lugar de privilegio en mi calendario”.
“Mark sabe animar el evento y bromea continuamente”, señala Rotramel, quien ha ayudado al maestro de ceremonias del desfile desde mediados de la década de 1990. “Tiene sentido del humor. Le gusta realizar bien su trabajo y también divertirse”.
“Mark y yo nos sentimos de la misma manera respecto a nuestro pueblo. Nos sentimos orgullosos de él. Cada año me llaman para animar el desfile y siempre les respondo que a nosotros no nos tienen que llamar porque seguiremos realizando nuestra tarea mientras el cuerpo aguante”.
En 1968, cuando cursaba octavo grado de enseñanza básica y ya se iba a graduar, Maloney solicitó su ingreso en Chaminade, escuela preparatoria católica situada en St. Louis, Missouri. Aunque le ofrecían una beca completa, sus padres no aceptaron porque Chaminade era un internado y no estaban preparados para dejar que su hijo viviera fuera de la casa. Le prometieron, en cambio, que en el futuro iban a enviarlo a la mejor institución universitaria a la que tuviera acceso, aunque a un muchacho con la iniciativa de Maloney no le hacía falta ninguna motivación.
En vez de Chaminade, Maloney asistió a la Escuela Secundaria de Ridgway, donde su madre, Doreen, enseñaba inglés. “Era una profesora fuera de serie y sus clases eran entretenidas”, recuerda Rotramel, quien estaba un año adelantado respecto a Maloney. “Nos caía bien a todos”.
Como de costumbre, Maloney, además de destacarse por su rendimiento académico, ejerció diversos cargos, incluidos los de presidente del consejo estudiantil e integrante del comité conjunto de estudiantes-docentes respecto a la política escolar. A la par que seguía desempeñando un importante papel en las 4-H, también participaba activamente en la banda, el coro, el periódico, el anuario, el club de Español y el National Beta Club, sociedad honorífica que promueve la conducta ética y la moral, en la cual ocupó el cargo de funcionario en representación de Illinois. En la ceremonia de graduación pronunció el discurso de fondo, en calidad de abanderado, y sus compañeros lo eligieron “graduado con más probabilidades de éxito”. En 1972, el año en el que egresó de Ridgway High, a Maloney se le otorgó reconocimiento en calidad de Joven Católico del Año en su diócesis que abarcaba 28 condados.
El último cuatrimestre de ese año, Maloney salió de su pueblo para cursar estudios universitarios. Sus padres cumplieron lo prometido y lo enviaron a la mejor institución posible: ni más ni menos que Harvard. Durante el segundo semestre de su primer año, Maloney, quien iba a obtener una licenciatura en historia graduándose con sobresaliente cum laude, tomó un curso sin crédito sobre el funcionamiento del gobierno del estado. El profesor era Paul Simon, político de Illinois que ese año había recibido una beca para dictar cátedra en el Instituto de Ciencias Políticas de la John F. Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard. Y se hicieron amigos.
En 1974, Simon fue elegido congresista en la Cámara de Representantes de EE.UU. (En una foto anterior a su elección publicada en el Gallatin Democrat, se ve a Maloney, quien había trabajado en la campaña electoral, junto a Paul Simon, luciendo una chaqueta de cuero negra y sonriendo como el gato que se comió al canario.) El verano posterior a su graduación, Maloney consiguió una plaza como pasante en el programa LBJ Internship Program de la Cámara de Representantes y trabajó durante dos meses en la oficina de Simon en Washington, D.C. Al anunciar el nombramiento, el Democrat destacó que en Harvard, Maloney había sido “presidente de la Harvard Memorial Society”, entrenador de los equipos de fútbol, fútbol norteamericano y lacrosse, presidente del Consejo de Entrenadores de Equipos de Pregrado, y miembro del Comité de Deportes del Cuerpo Docente de Harvard”.
El último cuatrimestre de 1977, una joven llamada Gay Blackburn, quien cursaba el segundo año de sus estudios de Derecho en la Vanderbilt Law School, se inscribió en un seminario de derecho internacional. Blackburn, se había graduado del Agnes Scott College, y provenía de Decatur, Alabama, donde su padre, un conocido abogado, había sido alcalde. Durante la segunda semana del seminario, en plena clase, varios estudiantes abrieron sendas bolsitas de palomitas de maíz. Habían viajado desde Nashville hacia el sur de Illinois durante el fin de semana para asistir a un evento conocido como… Día de las Palomitas de Maíz. Como era de esperarse, el líder de esa expedición había sido otro de sus compañeros del curso de derecho internacional, un joven llamado Mark Maloney.
Al poco tiempo surgió entre ambos una conversación acerca de las atracciones de sus respectivas localidades de origen, y así Maloney y Blackburn comenzaron a salir durante el otoño. Al llegar las vacaciones de Navidad, Blackburn vino desde Alabama para asistir a una fiesta del Club de Harvard de Nashville, y Maloney viajó a Decatur donde pasó los últimos días del año y pusieron fin a 1977 viendo una película de Disney. “Nos dimos cuenta de que éramos una buena pareja”, recuerda Gay, “los dos contentos de ver Peter y el dragón durante la noche de Fin de Año.
A comienzos de febrero tuvo lugar un acontecimiento al que Maloney se refiere como “la primera y fiel visita de Gay a mi familia”. “La población de Gallatin County no llegaba a 8000 habitantes, y un número considerable de ellos eran parientes de los Maloney”, indica Gay. “Puesto que Mark y su madre hicieron un gran esfuerzo para no abrumarme, me presentaron a ‘solo’ 22 de sus familiares”. Se desplazaron en automóvil desde la granja de Ridgway a la granja en Kentucky, y desde allí se dirigieron a New Harmony, Indiana, donde compartieron una cena elegante en el restaurante Red Geranium y jugaron un juego de naipes conocido como 500. Posteriormente, se detuvieron en una droguería donde compraron rollos de fotografía y Gay tomó varias fotos de los padres de Mark.
El domingo por la mañana, la pareja fue a misa en la vecina Shawneetown y regresó a Nashville. Pero antes Mark quería mostrarle a Gay la antigua iglesia católica de San Patricio en Pond Settlement, que la familia Maloney ayudó a establecer en la década de 1850. Se había acumulado mucha nieve, pero Mark le había prometido a Gay que en su próxima visita recorrerían el cementerio. Al salir del pueblo, hicieron una parada en la granja de Maloney para que Gay tomara una fotografía de la casa, ocasión que aprovecharon los padres de Mark para salir al porche y saludarlos.
Diez días después, Mark se encontró con Gay en la biblioteca Vanderbilt. Esa misma noche, Mark le había comunicado la triste noticia de que sus padres habían muerto en un accidente de tráfico en Ridgway Spur. Pat tenía 48 años y Doreen 46. Gay les había tomado sus últimas fotos. El accidente había tenido lugar precisamente el día que la hermana de Mark, Kristi, cumplía 21 años, y se encontraba en Nueva York, donde cursaba estudios Su hermana menor, Erin, viajaba junto a sus padres en el asiento de atrás y aunque sobrevivió, resultó seriamente herida.
Transcurridas varias semanas, Mark instituyó el Fondo de Becas en Memoria de Pat y Doreen Maloney en Ridgway High. En esos días se publicó un aviso en el Gallatin Democrat, en el que se expresaba “el más profundo y sincero agradecimiento”, a todos aquellos que brindaron su apoyo a la familia a raíz de su reciente pérdida. “En estos momentos tan difíciles, el afecto, la compasión y el apoyo que nos ofrecieron los residentes de Gallatin County … ha sido impresionante. Ustedes han reafirmado nuestra creencia en la bondad del ser humano”.
Tras el accidente, Gay se había presentado ante los dolientes que visitaron el hogar de la familia, entre ellos el congresista Paul Simon, como “la novia de Mark”. Es más, en poco tiempo la relación con Mark era ya algo más y, a comienzos de abril se comprometieron. “Iba a ocurrir de todos modos, pero el accidente aceleró las cosas un poco”, relata Gay.
En su tercero y penúltimo año de sus estudios de derecho, los dos futuros abogados se preguntaban qué iban a hacer en el futuro. “Cuando me fui a estudiar a la universidad, no me conformé con ir a instituciones locales como Auburn o Alabama”, expresa Gay. “Quería ir más allá del horizonte. Entonces, me inscribí en Agnes Scott, en Atlanta, Georgia. Lejos de haber cambiado de opinión, aún quería “conocer un poco más el mundo”.
Sin embargo, en una visita de fin de semana a Decatur, el padre de Gay, J. Gilmer Blackburn tuvo una conversación a solas con Mark. “Gilmer me habló de las ventajas de vivir en una ciudad pequeña y trabajar en un bufete de abogados familiar”, explica Maloney. Surgía así una nueva posibilidad para la joven pareja: residir en Decatur y practicar la abogacía en la firma de Blackburn. Gay y Mark evaluaron las distintas posibilidades, aunque, como indica Maloney, “no estábamos para nada en desacuerdo”.
Al respecto, añade: “Cuando nos mudamos a Decatur, pensábamos que le estábamos haciendo un favor a los padres de Gay” y la propia Gay prácticamente corrobora las palabras de Mark. Lo que no mencionan es que el favor se lo estaban haciendo a ellos mismos. “Mi padre sabía que en Decatur íbamos a vivir muy bien”, señala Gay. “Y quizás en ese momento no nos dábamos cuenta plenamente”.
“Gilmer era una persona fenomenal”, indica Ken Schuppert quien, junto con su esposa, Lynn, es uno de los socios e integrantes de Blackburn, Maloney y Schuppert, el bufete jurídico fundado por Gilmer. (Al igual que el matrimonio Maloney, los Schuppert son rotarios y Ken ejerce actualmente el cargo de vicepresidente del Consejo de Fiduciarios de La Fundación Rotaria.) “Su dominio del derecho tributario relacionado con seguros de vida era muy superior a la media y muy inusual en el ámbito local. A mediados de la década de 1950 era el único abogado establecido al norte de Birmingham. No obstante, el precepto más importante que nos legó Gilmer fue su involucramiento en la comunidad y el cumplimiento de nuestra renta cívica”.
“Creo que Gilmer fue una influyente figura paterna en la vida de Mark”, afirma Bill Wyker, del Club Rotario de Decatur. “Tenían una muy buena relación”.
Wyker también tiene muy buenos recuerdos de la madre de Gay. “Phyllis era una caja de sorpresas”, añade. “Apoyaba a Gilmer pero tenía sus propias ideas sobre actividades y proyectos. Y era intrépida. Cuando Phyllis se decidía a lograr un propósito, lo mejor era pararse firme y quitarse de en medio”.
Tras su boda en junio de 1979, y después de que Mark obtuviera una maestría en derecho tributario en New York University, él y Gay se establecieron en Decatur. Dada su familiaridad con el mundo de los agricultores, Mark de inmediato se llevó bien con sus nuevos vecinos. Como menciona Wyker, “Mark era la combinación perfecta de persona con una mente brillante y a la vez, era un tipo que le caía bien a todo el mundo desde el primer apretón de manos”.
“Mark es una de las personas más dignas y formales que conozco”, agrega Ellen Didier, socia del club de Decatur. “Se queda una sorprendida al descubrir que es una persona cordial y muy graciosa. Es genuino, humilde, ocurrente y sabe reírse de sí mismo.”
Maloney se afilió a Rotary en 1980 y, cinco años después fue elegido presidente del club de Decatur club. Ese año se enteró de que un equipo de Intercambio de Grupos de Estudio iba a visitar Alabama sin incluir Decatur en su itinerario. Hizo varias llamadas telefónicas y los visitantes africanos terminaron pasando un par de días en Decatur. “Desplegamos nuestro máximo esfuerzo para recibirlos”, recuerda Gay. “Mark y yo les organizamos una fiesta en nuestra casa, y estamos seguros de que la hospitalidad que les brindamos fue excelente. El líder del equipo nos dijo: “Quiero que ese joven sea líder de un equipo que viaje a Nigeria el próximo año. Entonces, cuando nuestras hijas, Phyllis y Margaret, tenían cuatro y dos años, respectivamente, Mark se embarcó en una gira de intercambio a Nigeria durante 40 días y 40 noches”, sembrando así la semilla de su lema presidencial: Rotary conecta el mundo.
“Nos han dicho que somos embajadores de buena voluntad, y hasta el día de hoy lo sigo llamando Sr. Embajador”, indica Mike Curl, uno de los seis integrantes del equipo de IGE de Decatur que visitó Nigeria. “Le caía bien a todo el mundo y era rápido para enterarse y conocer las distintas culturas”.
En julio de 1990, Mark regresó a Nigeria, y en esta ocasión Gay lo acompañó llevando consigo su libro de texto universitario sobre arte africano. Anteriormente, Mark había conocido a Jonathan Majiyagbe, quien acababa de concluir su mandato en calidad de director de RI, habiendo sido la primera persona africana de raza negra en ejercer dicho cargo. En esta visita, Mark y Gay se hospedaron con Majiyagbe y su esposa, Ade, en su hogar de Kano. “Mark me pareció una persona muy agradable”, afirma Majiyagbe. “Era muy trabajador. Daba la impresión de ser una computadora móvil: Se acuerda de todo, hasta en el más mínimo detalle”. Así nació una buena amistad entre las dos parejas, y cuando Majiyagbe fue propuesto presidente de RI para 2003-2004, él y su esposa, Ade, eligieron a Mark y Gay como sus edecanes.
En 2003, menos de un mes antes de asumir el cargo de presidente, Majiyagbe se encontraba en Brisbane (Australia), cuando Ade murió inesperadamente en Leeds (Inglaterra). “No sé cómo me las hubiera podido arreglar sin la ayuda de Mark Maloney”, recuerda Majiyagbe. “Hizo los arreglos para que viajara de inmediato a Leeds, y, posteriormente, él y Gay se trasladaron a su propia costa para estar a mi lado. Nos hicimos familia. Ellos son mi familia en Decatur”.
Otra de las grandes amistades que Maloney ha forjado en el marco de Rotary es su propio edecán, Larry Lunsford, una persona con un impresionante historial en Rotary. Larry es socio del Club Rotario de Kansas City-Plaza, Missouri, exgobernador del Distrito 6040 y exdirector de RI. Sin embargo, él mismo acepta que “es difícil encontrar en Rotary una persona con tanta experiencia como Mark Maloney. Es impresionante en cuanto a trazar el rumbo y visualizar el proceso para hacer realidad sus metas y las metas de Rotary de la mejor manera posible, y utilizará sus competencias organizativas y administrativas a fin de maximizar las oportunidades para que Rotary sea aún mejor.”
Lunsford pone de relieve el “enfoque estratégico” de Maloney en cuanto a la membresía de Rotary, con énfasis en “la necesidad de más diversidad en nuestro enfoque”, para atraer y conservar a los socios. Asimismo Larry destaca “la prioridad que Mark otorga a elevar el nivel de nuestra colaboración con las Naciones Unidas, lo cual ofrece otra modalidad de realzar el estatus de Rotary en el mundo”. Asimismo, destaca que “Mark desea una sinergia aún más sólida entre Rotary y Rotaract. Los rotaractianos se sienten más firmes y dispuestos que nunca respecto a la posibilidad de redimensionar la relación con Rotary. Y ese es un impulso que esperamos aprovechar”.
Lunsford hace una pausa para destacar que: “La mayor fortaleza de Mark es que, sencillamente, se interesa por la gente. Tiene un corazón de oro, y tiene a Gay a su lado. Juntos forman un gran equipo y eso lo ayuda mucho a Mark”.
Al igual que cualquier persona en su situación, Gay, la ilusionada viajera que ha visto mucho más mundo que lo que esperaba, entiende el aparente contrasentido de vivir en un lugar donde desde la puerta de su casa puede ver su escuela secundaria. “Recuerdo que al regresar a Decatur pensaba que nos estábamos perdiendo una cantidad de oportunidades de recorrer el mundo”, indica.
Como dice la canción, “se equivocaba”. En la sala de la casa de los Maloney, las fotos enmarcadas en las paredes, junto con las coloridas pinturas de Gay, son fiel documento del alcance mundial de su trayectoria en Rotary que ya lleva 39 años, y los artículos de recuerdo que se acumulan sobre las repisas no se quedan atrás. Gay ingresó oficialmente en la familia de Rotary en 1996, al afiliarse al recientemente constituido Club Rotario de Decatur Daybreak. “Mark y yo practicamos la abogacía juntos y de igual manera podemos atender a nuestra familia, pero no hay en el mundo club rotario que sea suficiente grande para nosotros dos juntos”.
Las hijas de los Maloney fueron parte de la espectacular travesía rotaria a la par que sus padres. “Al constituir una familia rotaria, nuestras chicas crecieron con una amplia visión del mundo”, menciona Gay. Entre las dos, Phyllis y Margaret han asistido a más de 30 Convenciones y la interacción que desde temprana edad tuvieron con niños de todas partes del mundo influyeron en el curso de su vida. Motivada por su temprano interés en la geografía surgido durante la infancia, Phyllis estudió historia y literatura de Gran Bretaña en Harvard y en la University of Cambridge antes de obtener una licenciatura en derecho en Yale. De niña, a Margaret le fascinaba el lenguaje y, por tal motivo, cursó estudios de lingüística en Harvard. Asimismo, tras progresar en su carrera en sector editorial en Nueva York, en la actualidad cursa cuarto año en la facultad de medicina de la Stony Brook University en Long Island.
En 2014, los Maloney recibieron a Suzanna Greer en su hogar como tercera hija, tras la muerte de su madre. “Debido a la tragedia que había vivido de joven, Mark se ponía en el lugar de Suzanna”, relata Gay. “Le dije que pensaba pedirle que se quedara a vivir con nosotros y de inmediato me dijo que sí. Ahora, Greer tiene 25 años, estudia en la University of South Alabama y ya ha asistido a tres Convenciones de Rotary. Y, continuando la tradición, los hijos de Phyllis y su esposo, Blake Johnson, Patrick, de siete años y Peter, de cuatro años, ya estuvieron en dos Convenciones.
Entre las fotos que los Maloney tienen en la sala, hay fotografías de Mark con dos Papas, lo cual no debería sorprendernos tanto, considerando que el apellido Maloney deriva de Maol dhomhnaigh, que en gaélico significa “devoto de la Iglesia”. Durante 12 años Mark integró el consejo de finanzas en la Iglesia Católica de la Anunciación del Señor y 16 años en la directiva de la misma institución cuando ésta se denominaba Iglesia Católica St. Ann, y estas son solo dos de las modalidades en las que participó activamente en su iglesia. “Siempre se puede confiar en Mark”, afirma el Reverendo Ray Remke, expastor de la citada iglesia durante mucho tiempo. “Si algo hacía falta, Mark procuraba ayudarte de todas las maneras posibles. Sabe ser digno ejemplo de su fe con hechos más que palabras”.
Maloney vive su fe con un espíritu ecuménico. Los domingos, además de ir a misa en su iglesia habitual, Mark y Gay asisten asiduamente a misa en la Primera Iglesia Metodista Unida, donde se casaron y ahora Mark colabora como ujier. Asimismo, participa en un grupo de estudio de la Biblia que se reúne todas las semanas en la Iglesia Episcopal de St. John. “Mi padre me enseñó la importancia del servicio en su iglesia, su familia y su comunidad”, señala Ronnie Dukes, otro socios del club de Decatur. “Y sin ninguna duda, Mark sabe demostrarlo”.
Verdaderamente, al referirse a su ciudad adoptiva, Maloney por sí solo es como una cámara de comercio ambulante y con orgullo muestra los sitios de interés de la ciudad a los visitantes: el edificio del Old State Bank, en cuyas paredes aún se ven los agujeros ocasionados por impactos de balas y esquirlas de proyectiles de mortero que datan de la Guerra Civil estadounidense; el Riverwild Splashpad, con sus juegos infantiles y acuáticos en el recientemente renovado Delano Park, oasis verde revitalizado por los rotarios y otros ciudadanos, y las viviendas de Habitat for Humanity, donde cada año numerosos estudiantes de Harvard prestan servicio voluntario durante las vacaciones de primavera, en el marco de una tradición a la cual Phyllis dio inicio en 2002, cuando era estudiante, y en la actualidad prosigue su marcha bajo los auspicios del club de Decatur Daybreak.
También los residentes de Decatur se sienten igualmente orgullosos de su héroe. La elección de una residente de Decatur, Alabama, en calidad de presidente de Rotary International, no deja de sorprender a David Breland, exjuez de distrito de Morgan County, quien actualmente desempeña funciones de historiador residente de la ciudad y director de recursos y eventos históricos. “Ahora sí que nos conocen”.
“Mark es un tipo fuera de serie, una de las personas más impresionantes que conozco”, señala Wyker. “Me encanta que sea el próximo presidente de Rotary. Sé que dejará su marca”.
“Es un gran comunicador, con una mente brillante, es solidario y se interesa por la gente. Es un ser humano muy completo”.
En la ceremonia de graduación pronunció el discurso de fondo, en calidad de abanderado, y sus compañeros lo eligieron “graduado con más probabilidades de éxito”.
Respecto a este acontecimiento, conocido ahora como Popcorn Days, Maloney, quien en la placa de matrícula de su automóvil lleva las siglas del evento, PPCRN, expresa lo siguiente: “Es un fin de semana que ocupa un lugar de privilegio en mi calendario”.
“Hasta ahora, aún suelo referirme a él como el Sr. Embajador. Sabe tratar con la gente y de inmediato comprende la cultura de sus interlocutores”.
“La mayor fortaleza de Mark. Sencillamente, se interesa por la gente. Tiene un corazón de oro, y tiene a Gay a su lado. Juntos forman un gran equipo y eso lo ayuda mucho a Mark”.



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