Noviembre - Diciembre 2018 wwi

Publicado el enero 14th, 2019 | por macero

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El recuerdo de la guerra

Este mes, se celebra el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial. Al menos 1800 rotarios de Norteamérica y Gran Bretaña sirvieron en el ejército durante la guerra; otros cientos se reclutaron en la Cruz Roja, la YMCA y diferentes departamentos gubernamentales. Más de 50 rotarios dieron sus vidas. En el aniversario del Día del Armisticio, The Rotariannos recuerda cómo se desarrolló la guerra.

por Geoffrey Johnson

1914–1915

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“Aunque universalmente se reconoce que la guerra es un arma sangrienta heredada de un pasado oscuro … [Rotary debe] brindar su apoyo para mantener la paz entre las naciones del mundo sin recurrir a la guerra”.

Así lo dispusieron los casi 1300 rotarios que se reunieron en el Auditorio Municipal de Houston en junio de 1914 para celebrar la quinta convención anual de la Asociación Internacional de Clubes Rotarios. The Rotarianpublicó la resolución completa de 183 palabras en su número de agosto.  Pero para entonces, ya habían caído las piezas del dominó. El 28 de junio, dos días después de que se suspendió la convención, Gavrilo Princip, un joven bosnio-serbio de 19 años, asesinó al archiduque Francisco Fernando y a su esposa Sofía en Sarajevo. El 4 de agosto, Alemania invadió a Bélgica y, a las pocas semanas, Alemania y su aliado, el Imperio austrohúngaro, declararon la guerra a Francia, Gran Bretaña, Rusia y Serbia. Las luces se habían apagado en toda Europa.

Protegidos por el océano Atlántico, los rotarios estadounidenses inicialmente recibieron el impacto indirecto de la guerra. En la convención de Houston, un rotario tejano llamado R.C. Duff captó el estado de ánimo que predominó en la división estadounidense de la organización por lo menos otro año más. Duff dirigió un panegírico a las empresas — “honorable y dinámico sector del comercio y la industria que genera riqueza” — como “la panacea para la guerra”. En el número de octubre de The Rotarian, L.D. Hicks, un socio fundador del Club Rotario de Atlanta, introdujo un lema: “No hables sobre la guerra, habla sobre los negocios”.

En su postura no intervencionista, estos rotarios imitaron al presidente Woodrow Wilson, quien el 4 de agosto emitió una proclama de neutralidad.  “Estados Unidos debe ser neutral tanto de hecho como de palabra”, dijo él dos semanas después en un discurso ante el Congreso. “Debemos tener imparcialidad de pensamiento y acción”. Los rotarios estadounidenses previeron que la distante posición desde donde observaron la “masacre de la humanidad” les permitió desempeñar una función especial. “Como estadounidenses, hagamos lo que podamos”, argumentó el Club Rotario de Minneapolis. “No debemos elegir un bando. No podemos interferir. Pero podemos levantar la voz de la paz a tal volumen que sea escuchada incluso en la más férrea batalla”.

Los llamados a Rotary para defender la paz venían fuera de la organización. En un discurso pronunciado en septiembre ante el Club Rotario de Houston, el escritor y editor Elbert Hubbard calificó a Rotary como “la mejor organización empresarial del mundo” y la animó a “ejercer su fuerte influencia en pro de la paz universal”.

En 1914, Hubbard gozaba de una fama superada por pocos estadounidenses. Con su desgreñada melena, su amplio sombrero Stetson, su holgado abrigo y su elegante corbata, daba la apariencia de un personaje peculiar; además Hubbard confirmaba su fama con una prodigiosa producción que incluía interesantes revistas mensuales — en particular, The Philistine, su “revista de protesta” y — vajillas fabricadas en Roycroft, su comunidad de artesanías cerca de Buffalo, Nueva York.

El 7 de mayo de 1915, Hubbard y su esposa Alice estaban a bordo del Lusitaniacerca de las costas de Irlanda cuando un torpedo alemán destruyó la proa del barco. El Lusitaniase hundió en cuestión de minutos. Los Hubbard estaban entre los 1200 muertos, así como William Mitchelhill, un mayorista de granos de 44 años de St. Joseph, Missouri, cuyo club rotario lo recordaba como “un hombre de una personalidad inigualable, particularmente conocido por su amistad, caridad y amor por sus semejantes”.

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El hundimiento del Lusitania contribuyó a que Estados Unidos se fuera a la guerra. Frank Higgins captó ese cambiante estado de ánimo cuando habló durante la sexta Convención de Rotary, celebrada en San Francisco en julio de 1915. Además de ser uno de los vicepresidentes de Rotary, Higgins era presidente del Club Rotario de Victoria, Columbia Británica. Como parte del Imperio británico, Canadá había estado en guerra por casi un año. El mundo, se lamentaba Higgins, bajo su “fachada de cultura, educación y refinamiento”, seguía siendo tan brutalmente vil. “Esto lo ha corroborado”, manifestó él, “el hecho de que la más sangrienta guerra que el mundo haya alguna vez visto, está teniendo lugar hoy en día cuando los hombres se están matando entre sí como lo hicieron los salvajes en la Edad Media”.

Higgins temía que “la doctrina de la paz y la buena voluntad para todos los hombres seguirían siendo palabras vacías” — a menos que “una fuerza edificante impulsara al mundo”. Él creía que Rotary era “ese espíritu, esa fuerza … con un volumen cada vez mayor y una fuerza creciente”.

 

1916

 

Pese a las perspectivas cambiantes, los que no combatían en el frente se esforzaban por entender el conflicto. Un rotario de Inglaterra que estaba visitando un puente estratégico en Edimburgo, quedó maravillado de que “el espectáculo de centinelas, el alambre de púas y la protección de los agujereados sacos de arena nos acercaba más a la guerra de lo que nos dábamos cuenta en Manchester, así como el espectáculo inspirador de la flota de la [Marina Real]” anclada en el fiordo de Forth.

El 1 de julio, al noroeste de Francia en las riberas del río Somme, las tropas británicas atacaron al atrincherado ejército alemán. Al final del día, sufrieron un total de 57 470 bajas, incluidos 19 240 soldados que murieron a causa de sus heridas. Winston Churchill la llamó “la mayor pérdida y masacre sufrida en un solo día en la historia del ejército británico”.

Los enfrentamientos continuaron en las riberas del Somme por otros 140 días, con la participación de casi 3.5 millones de hombres de 25 países. A mediados de noviembre, cuando el clima invernal obligó a poner un alto a los enfrentamientos, las fuerzas británicas, que incluían a tropas de Australia, Canadá, India, Irlanda y Escocia, sufrieron casi 420 000 bajas; el ejército alemán sufrió al menos 430 000 bajas y Francia 204 000.  La desesperantemente lenta naturaleza de la batalla hacía que el avance o retirada diaria de los ejércitos se calculara a menudo en pulgadas y pies y yardas.

En noviembre de 1916, los lectores de The Rotariandieron un vistazo a las trincheras de las riberas del Somme. Semanas antes, George Brigden, futuro presidente del Club Rotario de Toronto, había recibido una carta de un teniente canadiense llamado F.G. Diver. Con fecha del 11 de septiembre, la carta abría con la frase: “Sin duda lo sorprenderá recibir mi carta, pero sentí que necesitaba expresarle mi gratitud por aceptarme en el Club Rotario de Toronto, y hacerle saber que incluso en las trincheras del frente aquí en Francia he sentido el apoyo del club”.

Diver continuó explicando que, mientras estaba en Inglaterra con una división canadiense formada en Ontario, había sido “uno de los afortunados” oficiales a quienes se les había ordenado dirigirse a Francia, donde se unió al Batallón No. 87, una unidad de Montreal conocida como los guardias granaderos canadienses. Al no conocer a ninguno de los oficiales, le resultó “bastante difícil … entrar en su pequeño círculo”. Durante una tregua en el combate, entró al refugio de otro oficial “para fumar y preguntarle si por casualidad tenía algo de tomar porque se ponía bastante frío entre las cuatro y las cinco de la mañana”.

Ese otro oficial resultó ser el mayor H. LeRoy Shaw, socio fundador y expresidente del Club Rotario de Montreal. Es más, según Diver, otros dos oficiales del Batallón No. 87 eran también rotarios: el mayor Irving P. Rexford y el mayor John N. Lewis. “A partir de esa noche”, explicó Diver, “fue muy importante para mí porque, aunque no era miembro de su pequeño círculo, era mucho más cercano a ellos de lo que habría sido, a no ser por nuestra querida Rotary”.

Antes de firmar “Atentamente, Rotary”, Diver describió la “gran vida” en las trincheras. “Vivir como tantas ratas en la tierra y, como ratas, sin cambiarse nunca de ropa. … Pero a pesar de todos esos inconvenientes, siempre hay algo que te alegra que hayas venido”.

Poco después del mediodía del 21 de octubre, durante los enfrentamientos al este del río Ancre, un afluente del Somme, los guardias granaderos canadienses se apoderaron de la posición alemana llamada la trinchera Regina.  Como líder del pelotón, Diver murió en el ataque.

Cuatro semanas más tarde y a menos de dos kilómetros al norte de donde había caído Diver, Lewis corrió la misma suerte. Nacido en Tennessee en 1874 y graduado de las universidades de Chicago y Heidelberg, Lewis había trabajado para un periódico de Chicago antes de llegar a ser editor del Montreal Star. Como segundo al mando, después de Shaw, de la Compañía No. 1 del Batallón 87, recibió el galardón de la Orden del Servicio Distinguido por su heroísmo durante el ataque a la trinchera Regina. Poco antes del amanecer del 18 de noviembre, cuando las lluvias torrenciales se convirtieron en nieve, las guardias granaderos salieron de las trincheras y lucharon bajo el fuego enemigo en la fangosa tierra de nadie para llegar a otro baluarte alemán, la llamada trinchera Desire. A las 8 a.m. cuando los guardias granaderos habían capturado la posición, Lewis estaba muriendo o quizá ya estaba muerto.

El obituario de Lewis en el Starseñalaba que, como fundador del Club de los Chicos en Chicago y Montreal, había contribuido generosamente “a organizaciones benéficas que tenían el cuidado y el mejoramiento de la situación de los niños como su misión principal”. En memoria de Lewis, el Club Rotario de Montreal recaudó USD 10 000 para la construcción de un edificio en Shawbridge Boys’ Farm en Quebec que mostraba una placa de bronce inscrita con la frase, “Nadie tiene más amor que este hombre que entregó la vida por sus amigos”. (Como la residencia de 30 muchachos, el Lewis Memorial Cottage, un edificio de ladrillos de dos pisos, se mantuvo en pie hasta los años sesenta). En cuanto a Shaw y Rexford, sobrevivieron a la guerra y regresaron a Montreal, Shaw para dedicarse a su profesión antes de la guerra en la rama de los seguros (y a su pasión por el deporte del curling), y Rexford para asumir la presidencia del club, donde en 1929, dirigió una exitosa campaña que recaudó más de USD 250 000 para el Boys’ Home Fund.

El año concluyó con la muerte de otro soldado de la familia rotaria, cuando el hijo de Harry Lauder cayó en Francia. Un astuto escocés— el calificativo a menudo agregado a su nombre que significa alguien que es humorísticamente engañoso — Lauder se convirtió en una figura pública fácilmente identificable, al usar una falda y boina escocesa, fumar una pipa de arcilla corta y empuñar un bastón. Como cantante, compositor y comediante, abarrotó los teatros de vodevil de Gran Bretaña, Australia, Canadá y Estados Unidos y vendió, según sus estimaciones, más de un millón de discos. Durante las primeras dos décadas del siglo XX, fue el artista mejor pagado del mundo.

A finales de 1914, el Club Rotario de Glasgow “instaló” a Lauder como socio, aunque el artista afirmó haberse afiliado a Rotary a principios de ese año cuando estaba de gira por Estados Unidos. (Según una anécdota de Rotary, Lauder conoció a Paul Harris mientras actuaba en Chicago y se hicieron amigos rápidamente). Lauder era efusivo en sus elogios para Rotary, y hacía apariciones frecuentes en los clubes rotarios, donde dirigía a los socios mientras cantaban, incluso una canción que él había escrito y cuyo estribillo decía: “En Rotary, en Rotary / Es el lugar para socializar”.

Durante las fiestas navideñas de 1916, Lauder estaba actuando en un teatro de Londres en una revista llamada Three Cheers (Tres hurras), que habitualmente atraía a soldados de Francia, hombres, según Lauder, que buscaban “algo divertido, con muchas chicas guapas y canciones y gente alegre que los [hiciera] reír”. En la mañana de Año Nuevo, un golpe en la puerta de su habitación de hotel lo despertó. Un botones le entregó un telegrama: Cuatro días antes, casi a las 8 de la mañana, su hijo John de 25 años, capitán del Batallón No. 8 Montañeses de Argyll y Sutherland, había sido asesinado por un francotirador alemán cerca del pueblo francés de Pozières. John Lauder estaba a punto de regresar a casa por licencia.

La muerte de Lauder afectó mucho a los rotarios en Estados Unidos. El club de la ciudad de Nueva York envió una ofrenda floral con un poema escrito por uno de sus socios, el autor y editor F.D. Van Amburgh. The Rotarianpublicó el poema en prosa en su número de febrero de 1917. “¿No lo ves, Harry?” decía su tercera estrofa. “¿No entiendes que ésta no solo es tu pérdida? Es el dolor internacional que le arrebata la más cálida luz a los corazones rotarios”.

Es su autobiografía, A Minstrel in France(Un trovador en Francia), Harry Lauder recordó cómo la noticia de la muerte de su hijo puso fin a su carrera. Sin embargo, regresó a Three Cheers, impulsado por su deseo de darle a la gente un breve respiro de las atrocidades de la guerra. En junio de 1917, visitó las tropas británicas en Francia, donde los soldados le pidieron, “haznos reír nuevamente, Harry”. (Su servicio durante la guerra, que incluyó campañas de reclutamiento, visitas a hospitales y eventos para la colocación de bonos, lo hicieron merecedor de su nombramiento como caballero en 1919.)

Durante su gira en 1917, Lauder visitó la tumba de su hijo en el campo de batalla del Somme. (Actualmente, en el cementerio militar de Ovillers se encuentran las tumbas de 3440 caídos de la Mancomunidad; más del 70 por ciento de las sepulturas pertenecen a soldados desconocidos). Lauder se derrumbó sobre el montículo que estaba bajo la cruz blanca donde yacía su hijo. “Al recordar ese momento ahora”, escribió él, “no puedo dejar de pensar en un deseo que me dominaba y conmovía. Quería meter mis brazos en esa oscura tumba y abrazar a mi muchacho fuertemente contra mi pecho y besarlo para agradecerle lo que había hecho por su país, por su madre y por mí”.

 

1917

 

El 7 de noviembre de 1916, después de hacer campaña bajo el lema “Él nos mantuvo lejos de la guerra”, Woodrow Wilson fue reelecto para un segundo mandato presidencial. El 2 de abril de 1917, cuatro semanas después de su toma de posesión, se dirigió al Congreso y solicitó una declaración de guerra contra Alemania. A los pocos días, la Cámara y el Senado aceptaron la petición de Wilson.

Como miembro honorario de varios clubes rotarios, Wilson fue luego elogiado por The Rotariancomo “un apóstol de la paz”. Pero después de que los alemanes rechazaran los intentos de Wilson por negociar el fin de la guerra, de que se reanudaran los ataques no regulados de los submarinos y se diseñara un plan para atraer a México al conflicto con la promesa de recuperar su antiguo territorio al suroeste de Estados Unidos, Wilson se cansó.

The Rotarianapoyó al presidente. “En su exhortación a los demócratas del mundo”, su editorial de mayo decía, “El presidente Wilson puso claramente frente a ellos el principio rotario de DAR DE SÍ ANTES DE PENSAR EN SÍ — dar de sí a todo el mundo — antes de pensar en [el] interés propio de cualquier nación”. En el mismo número, un anuncio de toda una página adornada con banderas de Estados Unidos y que mostraba el titular en letra negrita “GUERRA” prometía que la siguiente convención anual “daría apoyo adicional al presidente de los Estados Unidos, a través de la más maravillosa manifestación de empresarios y profesionales jamás reunidos en una convención. No dejes de venir a Atlanta, donde la historia mundial de Rotary escribirá su principal capítulo”.

Por estar demasiado enfermo para asistir a la convención, Paul Harris envió un mensaje en el que elogiaba a Wilson — “el ideal del civismo estadounidense” — y veía con optimismo el beneficio potencial de la guerra. “Estos son días intensos, días de una incomparable oportunidad, de una oportunidad jamás pensada”, escribió él. “Adiós a las viejas ideas y bienvenidas sean las nuevas y útiles ideas. Nunca habrá un mejor momento que ahora. La humanidad debe salir triunfante de este valle de tristeza ennoblecida por su sufrimiento”.

Con todos estos acontecimientos, se produjo un cambio incuestionable en el tono de esta revista. Se eliminó la columna mensual Noticias sobre los clubes y se reemplazó con “Los clubes se ocupan de tareas patrióticas” y “Servicio de los clubes rotarios durante la guerra”. Los rotarios ayudaron a pagar por las ambulancias y otras necesidades militares y estaban contentos por superarse entre ellos en sus contribuciones. Los socios del Club Rotario de Utica, Nueva York, compraron bonos de guerra por un monto de               USD 330 000, como parte de su esfuerzo por ganar la guerra.

Desde luego, The Rotarianha publicado reportajes de dichos proyectos cívicos, especialmente del Imperio británico. Durante el verano de 1915, por ejemplo, el Club Rotario de Belfast, Irlanda, hizo contribuciones generosas para un fondo local para la compra de ambulancias. En el otoño, los rotarios de Dublín “dedicaron una parte considerable de [su] energía al entretenimiento de los soldados heridos”. Al concluir el año, los rotarios de Hamilton, Ontario, organizaron “muchas celebraciones y otros eventos públicos … para recaudar dinero y satisfacer las necesidades de los soldados que estaban en el frente de batalla”.

En septiembre de 1917, con la papelería del Departamento de Guerra, Raymond B. Fosdick, presidente de la comisión sobre actividades para campos de entrenamiento, escribió una carta de agradecimiento a Chesley Perry, editor de The Rotariany primer Secretario general de Rotary (aunque ese cargo específico no existía en ese momento). “Me impresiona tanto lo que su organización ha hecho, que se lo señalé al Secretario de Guerra y al Presidente”, escribió Fosdick. El presidente Wilson envió una carta de seguimiento a Perry donde admitía que “el servicio brindado por su organización en esta época de tensión nacional ha sido excelente y considero que están haciendo un contribución genuina a la causa que tanto nos interesa”.

Nombres de distinguidos estadounidenses comenzaron a aparecer en la revista junto a mensajes bélicos. El general mayor Leonard Wood escribió sobre “el nuevo ejército estadounidense”. Herbert Hoover, comisionado de la Administración de Alimentos y futuro presidente de los Estados Unidos predicaba el “evangelio del plato limpio”, que describía maneras para ahorrar carne, leche, grasas, azúcar y combustible. “La forma de ganar”, explicó él, “es dejar de derrochar”. Walter Camp, el “padre del fútbol americano” — de 1888 a 1892, sus equipos de Yale ganaron 67-2 — presentó la idea de Grupos de servicio para personas mayores que permitiría a hombres mayores de 45 años “convertirse en patriotas eficientes”.

Los poemas y las declamaciones sobre temas bélicos se convirtieron en un artículo habitual de la revista: elucubraciones literarias como “For France!” o “The Age-Long Battle” o “The Kid Has Gone to the Colors.” Tenían por objeto levantar el ánimo, pero había indicios de desesperación. En diciembre, Philip R. Kellar, el director editorial de The Rotarian, escribió “El mensaje de esta navidad”, que comenzaba así:

 

¡Oh mundo beligerante, mordaz y lleno de odio!

Oh mundo empapado de sangre

De las innumerables víctimas de la ira de la guerra …

Donde el asesinato, el saqueo, la lujuria, el engaño y la mentira

Han sido desatados para asediar desenfrenadamente al hombre.

 

La estrofa final del poema era una nota de esperanza, pero que nos dispersaba las tinieblas. Al igual que el resto del país, Kellar estaba tomando conciencia de la matanza que estaba por venir.

 

1915–1918

 

En julio de 1919, ocho meses después del Día del Armisticio, The Rotarianimprimió su Lista de honor de estrella dorada, que presentaba a los socios “que dieron su vida al servicio de sus países y la humanidad”. Incluía los nombres de 47 rotarios: veintiséis de Estados Unidos, nueve de Canadá, ocho de Escocia y cuatro de Inglaterra, y había al menos otros seis rotarios cuyos nombres debieron incluirse en la lista de honor, pero que no se incluyeron. (No se fundaron clubes rotarios en Europa continental o Australia sino hasta después de la guerra).

El capitán Richard Steacie fue el primer rotario en morir en la guerra. Como miembro del 14º Regimiento Real de Montreal, a Steacie le dispararon por la nuca el 22 de abril de 1915, durante la segunda batalla de Ypres al oeste de Bélgica. La placa de cuello del soldado muerto identificaba su rango y regimiento, pero no su nombre, y fue enterrado bajo una lápida inscrita con la frase: “Un capitán de la Gran Guerra … delante de Dios”. (El cuerpo de Steacie fue finalmente identificado en 2013.)

Lo único que la lista de honor nos cuenta sobre J.N. Henderson es que era de Edimburgo, pero un monumento dentro de la Catedral de St. Giles señala que fue mayor del 4º Regimiento Real de Escocia y que murió el 28 de junio de 1915 en la batalla de Gully Ravine en la península de Galípoli en Turquía. Otro soldado de Edimburgo, el teniente W.E. Turnbull del 5oRegimiento Real de Escocia, murió también en Galípoli. El soldado raso C. Taylor del 7oBatallón de Manchester sigue siendo un enigma; no fue incluido en la lista de honor de 1919, pero el número de diciembre de 1915 de The Rotarianmenciona su muerte.

No todos los soldados rotarios murieron en el campo de batalla. Robert M. McGuire, un fotógrafo de Joplin, Missouri, murió el 4 de julio de 1918 “a causa de [una] operación para que estuviera en condiciones físicas para reanudar su servicio”. George Blakeslee de Jersey City, Nueva Jersey, murió por causas desconocidas el 2 de octubre de 1918 en Camp Johnston, Florida. Frank Keator de Kingston, Nueva York, murió de neumonía en Camp Devens, Massachusetts, el 29 de diciembre de 1917. Otros dos rotarios murieron también de neumonía y como un presagio de la epidemia mundial, el capitán Eugene H. Kothe del Cuerpo de cuartel maestre murió de influenza en Washington, D.C., el 14 de octubre de 1918.

Una estrella de fútbol americano de Kalamazoo College, el coronel Joseph B. Westnedge combatió en la guerra hispano-estadounidense, sirvió en la frontera mexicana después de que Pancho Villa atacara a Texas y Nuevo México y dirigió el 126º Regimiento de Caballería en la famosa 32ª División “Flecha Roja” durante las ofensivas clave en Francia durante la Primera Guerra Mundial. El 29 de noviembre de 1918, Westnedge murió de complicaciones de amigdalitis en un hospital en Nantes. Su nombre tampoco fue incluido en la lista de honor.

Los rotarios tuvieron el mayor número de víctimas en 1918 después de que las tropas estadounidenses desembarcaron en Europa. La mayoría de las muertes tuvieron lugar en la Ofensiva de Meuse-Argonne que durante siete semanas vulneró la Línea Hindenburg, la última línea de defensa de Alemania. El teniente Harry B. Bentley de Elmira, Nueva York, murió el 29 de setiembre cerca del Canal de St. Quentin; el teniente Edward Rhodes de Tacoma, Washington, murió casi dos semanas después cerca de Grandpré. Actualmente, dos bases militares de la Legión Americana llevan el nombre de Bentley y Rhodes.

El 22 de octubre, el soldado raso Jacob Ferdinand Speer de Wilmington, Delaware, cuyo nombre no aparece en la lista de honor, murió cerca de la bombardeada Granja Madeleine al norte de Nantillois. El 4 de noviembre, una semana antes del fin de la guerra, el cabo Howard E. Brown de Lincoln, Nebraska, murió en la avanzada hacia Stenay, una aldea a orillas del río Meuse. Como el último rotario en haber caído en combate durante la guerra para acabar con todas las guerras, Brown le había escrito a un socio de su club de Lincoln unas semanas atrás para agradecerle que le había enviado la “tarjeta de membresía del siguiente año”.

Pero Brown no fue la última víctima mortal. Esa distinción le corresponde a Griffin Cochran de Lexington, Kentucky. Es posible que los lectores habituales de The Rotarian recuerden el nombre de Cochran desde antes de la guerra cuando publicaba noticias relacionadas con Rotary en su ciudad natal. Como corresponsal del club, era, según los editores, uno de los muchos “hombres al servicio cuya cooperación contribuye al éxito de nuestra revista”. Ya que esta nota apareció en 1916, la referencia sobre los hombres al servicio no tiene una connotación militar, sino más bien se refiere a los socios que ayudaron a “La revista al servicio”, el lema de The Rotarianen esa época.

En la primavera de 1918, Cochran era capitán en Camp Zachary Taylor cerca de Louisville. La unidad de Cochran, el 309oTren de municiones, finalmente encontró su camino a Francia, donde permaneció después de que la guerra finalizó. El 21 de febrero de 1919, Cochran murió en Tours y la causa de su muerte sigue siendo un misterio.

 

El momento en que finalizó oficialmente la Primera Guerra Mundial  (La hora 11 del días 11 del mes 11)

 

En abril de 1918, meses antes del fin de la guerra, Rotary ya estaba imaginando cómo sería el mundo de la posguerra. Ese mes, The Rotarianpublicó un artículo del escritor británico Norman Angell titulado “Condiciones de una paz democrática”. En el artículo, Angell, quien recibió el Premio Nobel de la Paz en 1933, defendía el llamamiento de Wilson para formar una Liga de las Naciones, un plan que el presidente había estado formulando desde 1916.

Al igual que Wilson, Angell sabía que estaba luchando una batalla cuesta arriba. No obstante, desafió a las personas que no creían en la liga porque no consideraban que fuera práctica. “La verdad es que no es práctica porque no creemos en ella”, argumentó él. “Si todos creyéramos en ella y estuviéramos decididos a lograrlo, el hecho mismo la haría no solo práctica sino también inevitable”. Por consiguiente, la aspiración de Rotary antes de la guerra de “paz entre las naciones del mundo” podría finalmente hacerse realidad.

A las 11 a.m. del 11 de noviembre, a 75 km al noreste de París en el bosque de Compiègne, delegados alemanes se reunieron con el comandante de los Aliados, Ferdinand Foch, y firmaron el armisticio que ponía fin a la guerra. Los rotarios se regocijaron. Un optimista Philip Kellar describió el armisticio como “la más grande rendición en la historia de la humanidad que marcó el final de las batallas de la guerra y el inicio de las batallas de la paz”.

Pero en las elecciones de mitad de periodo seis días antes de que se firmara el armisticio, los republicanos obtuvieron el control de ambas cámaras del Congreso. Incluso un presidente demócrata habría tenido dificultades para derribar esos obstáculos. En pocos meses, “el idealismo de los tiempos de guerra estaba desvaneciéndose debido a los problemas de la posguerra”, explicó el historiador de Yale, John M. Blum. “Inflación, desempleo y temores de bolchevismo” — esto último era evidente en las páginas de The Rotarian— “un menor entusiasmo del público por una paz generosa y un internacionalismo genuino”. El Congreso nunca ratificó el Tratado de Versalles y, aunque se crearía una Liga de Naciones, Estados Unidos nunca sería miembro.

Incluso cuando el sueño de Wilson se derrumbó, los rotarios imaginaron una liga internacional de su propia creación. Harwood Hull expresó ese concepto en un discurso ante su club rotario en San Juan, Puerto Rico. (El discurso de Hull apareció en el número de diciembre de 1919 de The Rotarian, bajo el título “Liga rotaria de las naciones”). “La Liga de las Naciones y lo que podría significar para mí parece no más que un sueño, una visión inútil, que Rotary misma”, explicó Hull. “Lo mismo que hace posible a Rotary hará posible a una liga de las naciones: el contacto personal, el compañerismo, la amistad, la comprensión, la tolerancia, la confianza y, sobre todo, el servicio a los demás en nuestro trabajo. …

“Algún día, habrá una liga rotaria de las naciones. Quizá no sea la liga de la que escuchamos ahora, sino la liga que puede triunfar únicamente en la medida que los principios de Rotary sean aceptados y puestos en práctica en las negociaciones entre las naciones ya que se están exigiendo cada vez más en nuestras relaciones mutuas”.

 

[quotes]

“No debemos elegir un bando. No podemos interferir. Pero podemos levantar la voz de la paz a tal volumen que sea escuchada incluso en la más férrea batalla”.

“Sentí que necesitaba expresarle mi gratitud por aceptarme en el Club Rotario de Toronto, y hacerle saber que incluso en las trincheras del frente aquí en Francia he sentido el apoyo del club”.

— Teniente F.G. Diver

 

“Quería meter mis brazos en esa oscura tumba y abrazar a mi muchacho fuertemente contra mi pecho y besarlo para agradecerle lo que había hecho por su país, por su madre y por mí”.

— Harry Lauder

 

Se eliminó la columna mensual Noticias sobre los clubes y se reemplazó con “Los clubes se ocupan de tareas patrióticas” y “Servicio de los clubes rotarios durante la guerra”.

 

El armisticio marcó “el final de las batallas de la guerra y el inicio de las batallas de la paz”.

 

“Lo mismo que hace posible a Rotary hará posible a una liga de las naciones … la comprensión, la tolerancia, la confianza y, sobre todo, el servicio a los demás”.

— Harwood Hull

 



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